La historia de los viñedos entrerrianos se remonta mucho tiempo atrás, a mediados del siglo XIX, cuando los inmigrantes que poblaron la provincia trajeron en su acervo cultural la producción de la vid, alcanzándose una superficie de viñedos cercana a las 5.000 hectáreas, con mayor producción que San Juan y Mendoza. Victoria no fue la excepción, coronándose en 1887 -en la Primera Exposición de Entre Ríos- con la distinción de ser “La Champagne Entrerriana”.

No obstante, un decreto del presidente Agustín P. Justo, en la “Década Infame”, prohibió en 1934 la producción viñetera en todo el país a través de la Ley nacional de vinos N° 12.137, para el exclusivo desarrollo de la región de Cuyo. Los inspectores arrancaban las vides de raíz y perforaban toneles y alambiques. El tiempo pasó inexorable y la medida fue recién anulada en 1993, a través de una iniciativa de Augusto Alasino. Curiosamente, dos entrerrianos pusieron punto, y punto y seguido a la historia.

De allí la épica viñetera olvidada en las arenas del tiempo y generadora de preconceptos tales como “la planta se adapta mejor a la zona de Cuyo”. Lo cierto es que Entre Ríos fue pionera en la materia y hoy retoma la senda, con condiciones naturales inmejorables de producción. El dedo de Dios -o de Baco, el hijo de Júpiter para la mitología romana- tocó este lugar: la bondad de la tierra, el agua y el sol se dan la mano para lograr vinos de excelencia.

La bienvenida
Con la amena e intersante guía de Gastón, uno de los cordiales jóvenes victorienses que trabaja en el viñedo, atravesamos la sala donde se exhibe maquinaria antigua utilizada en el cultivo de la vid en épocas de pujanza. Nos encontramos con una amplia sala store, ambientada cálidamente con cuadros hiperrealistas del artista rosarino Gabriel Schiavina. Allí, descubrimos a “Injusto”, la deliciosa respuesta del viñedo -en forma de malbec- a la ignominiosa Década Infame. Luego de maravillarnos con la arquitectura del lugar, la cava de 6 metros de produndidad, una impactante sala de degustación, y el paisaje inigualable del viñedo en comunión con el río y las colinas, nos encontramos con nuestra anfitriona: la emprendedora Verónica Irazoqui, fundadora de BordeRío.

Cuando decidieron desarrollar el viñedo sobre estas colinas ¿Qué expectativas tenían?

Simplemente seguimos el impulso de una pasión, que era el deseo de tener una bodega. Nosotros somos una familia que está detrás de todo, con mi esposo y mis nenas. En una recorrida en 2008 por la ruta 40, encontramos unos viñedos muy hermosos tras los valles calchaquíes, y fue ahí cuando se encendió en nosotros el deseo de tener una bodega propia.

Verónica Irazoqui, fundadora del viñedo BordeRío.

Pero entonces decidimos que no era el momento. Había que esperar que se diera todo para poder dar ese paso. Pasaron los años y en 2014 arrancamos con este proyecto, que se dio después de habernos enterado de esta ley tan injusta que hubo en la región de prohibición de la vitivinicultura. No sólo en Entre Ríos, sino en toda la Argentina exceptuando Cuyo. No sabíamos que acá había toda una historia que venía pisando fuerte y que, como muchas decisiones que afectan a muchos, se había perdido. Al enterarnos de esa parte de la historia, dijimos bueno…vamos a ponerlo como un desafío: cumplir nuestro sueño, pero además sumarle una “patriada”, en donde además de un viñedo nos propusimos hacer resurgir una industria que se había perdido injustamente.

¿Cómo fue el comienzo?

Empezamos con muchos movimientos de suelo y muchos cambios que hicimos en el lugar, pero siempre respetando la geografía, la fauna y la flora, preservando cada árbol y mejorando todo lo necesario para que el viñedo diera buenos frutos para el vino de alta calidad que estábamos buscando y que teníamos como meta.

¿Eso despertó la curiosidad del visitante?

Sabíamos que como en esta zona no es algo habitual encontrar viñedos, desde un primer momento lo planteamos como un lugar turístico; donde la gente, la familia y los amigos pudieran venir a disfrutarlo. Por eso estuvo abierto prácticamente
desde el momento cero. Por eso organizamos eventos y hacemos cosas que apuntan siempre a los buenos momentos de la gente. Ese es nuestro eslogan y es lo que buscamos a la hora de hacer cada cosa: el buen momento de cada visitante.

Mesa de piedra de granito de 11 toneladas, apoyada sobre piedras calcáreas extraídas de la cantera del campo. Allí se hacen las cenas de los 8 pasos: son 5 ediciones anuales que realiza la bodega, con 8 platos gourmet acompañados con 8 vinos.

Así vamos con distintas propuestas, como por ejemplo un rock & wine, y hacemos recitales al are libre. Distintas cosas como para que la gente venga y lo disfrute, y nos conozca a nosotros también.

¿Por qué eligieron Victoria para hacer una bodega premium?

Cuando tuvimos el deseo del viñedo, ni siquiera sabíamos que era viable poder hacerlo acá en Victoria. Cuando nos enteramos de toda esta historia fue donde dijimos: este es el lugar. Nosotros somos rosarinos y dijimos: esta es la unión de todos los astros, porque la verdad es que estamos cerca y con ciudades muy grandes alrededor de Victoria, que tiene un potencial enorme para lo que es el turismo. Eso también lo vimos en el momento de tomar la decisión. Victoria es un lugar turístico, que a la gente le encanta venir en busca de naturaleza, y el viñedo viene a darle más potencial a eso.

Cerca de 9.000 vinos aguardan en reposo dentro de la cava. También están a resguardo algunas botellas de la primera vendimia: un chardonné 2014.

¿Cómo fue que decidieron ponerle el nombre de BordeRío?

Al momento de fijar la marca del lugar había dos caminos: ocultar dónde estábamos, lejos del polo vitivinícola, o mostrar y estar orgullosos de la ubicación del lugar, que fue el camino que elegimos. Acá estamos al borde del río, lo cual es una característica no muy común en los vinos de la Argentina, pero sí del mundo. Nosotros tenemos muchas similitudes con toda la zona de Burdeos, en Francia, en lo que es clima, cercanía al agua y suelo calcáreo. Nosotros quisimos mostrar que estamos en la Mesopotamia haciendo vinos y “BordeRío” lo representa. Mejor nombre imposible.

¿El público al que se dirigen está relacionado básicamante a Rosario?

No, ya que es muy amplio el espectro de la bodega y viene gente de todos lados. Buenos Aires viene mucho, Paraná también, y visitantes de las zonas de alrededores que ya son amigos de la casa. Pero también vienen extranjeros: de España, Venezuela, Colombia…gente que se entera que acá hay un viñedo y viene con la expectativa de decir… ¿con qué me voy a encontrar? Quizás no es muy alta la expectativa previa y se van de acá muy gratamente sorprendidos. De hecho estamos haciendo incluso exportaciones.

¿Cómo fue vivenciando la familia al desarrollo del proyecto?

Era un momento en donde nuestras nenas ya estaban grandes y donde pudieron disfrutarlo y ser parte del proyecto. Veníamos acá y todos opinábamos dónde podía ir esta piedra, esta mesa… todos opinábamos, y esa fue una parte divertida y con mucha interacción, con la picardía de un chico que te puede tirar una idea fantástica en un momento y sumar la cabeza empresarial que tenemos, de de venir laburando duro muchos años y aplicar cosas que fuimos aprendiendo. Para nosotros fue una alegría ponerle toda la pasión a algo que teníamos muchas ganas de hacer. El proyecto en sí se hizo muy rápido, desde el 2013 para poder acomodar el lugar a lo que hoy ven, con escurrimientos y canales correctos, para que desde el punto de vista técnico los resultados fueran los óptimos. Todo eso demandó dos años, y la parte arquitectónica -de 1.800 mts2- del lugar 18 meses, con todo lo que ves arriba del edificio replicado debajo.

“Injusto”, la sutil y original respuesta de BordeRío a la prohibición de los viñedos en Entre Ríos.

Se aprecia una integración de la edificación con la naturaleza próxima, que ha empleado en su construcción piedras calcáreas del lugar. En cuanto a la producción de la vid, ¿hay también cuidado del ambiente?

La planta de vid no puede ser maltratada. Por eso hablaba de los escurrimientos naturales, con estas lomadas que ayudan mucho. Es una zona de mucho viento, que colabora también a la sanidad del viñedo, y se cuida todo al 100 por ciento. Por ejemplo, dejamos 100 hectáreas que son todo monte, con animales nativos y plantas, de las que no se tocó nada, y que con el tiempo se volvió a repoblar. Vas caminando por el viñedo y podés encontrarte un ciervo o un guazuncho o un gato de monte. También hemos sumado 7 hectáreas de olivares, con 1.500 plantas de olivos que estaban tirando en San Juan. Son las plantas que ya nos están dando nuestros primeros aceites de oliva.

¿Qué opinan los especialistas de la calidad del viñedo?

La verdad es que están sorprendidos. Hay cepas que están dando maravillas. Por ejemplo el Merlot, el Cabernet Franc, que realmente están andando muy bien en la zona. Por supuesto que hay algunos varietales que nosotros sabíamos que no íbamos a poder hacer, como por ejemplo un torrontés. Por eso tenemos pensado en alguna oportunidad sumar tierras en algún otro lugar para que se pueda hacer algún tipo de vino diferente y vinificar acá.

Mesa de piedra de granito de 11 toneladas, apoyada sobre piedras calcáreas extraídas de la cantera del campo. Allí se hacen las cenas de los 8 pasos: son 5 ediciones anuales que realiza la bodega, con 8 platos gourmet acompañados con 8 vinos.

Si mirás en perspectiva, ¿cuál es el futuro de BordeRío?

El futuro es seguir creciendo. Desde el momento en que lo ideamos -desde la parte arquitectónica y de producción hasta la sala de tanques- están sobredimensionados los espacios, porque no tenemos techo para seguir creciendo. La bodega tiene el mundo para seguir creciendo. En este sentido, comenzamos las exportaciones con destino a Estados Unidos. De a poquito se va llegando.

Sala de degustación, con mesa realizada en mármol de la India y piedras calcáreas de la cantera.

El visitante se va sorprendido, de que esto esté acá, en esta zona y en este lugar. Tiene todo. Es alto nivel, y la gente se da cuenta que uno le ha puesto toda la garra, esfuerzo e inversión, en una apuesta fuerte para hacer resurgir el vino en EntreRíos.

En verdad, la gente se va feliz de acá.

Agradecimientos:
A todo el staff de BordeRío, en especial a Verónica y al guía victoriense Gastón Trossero.

Fuente: www.seranoticia.com

 

Compartir