De la mano de la Sociedad Filantrópica Terror Do Corso Victoria vivió una noche diferente, en la que se dio algo que pocos imaginaban: volver a sentir -luego de más de una década- el ritmo contagiante de Terror Do Corso alrededor del microcentro, rescatando a cada sonido de tambor y máscaras sueltas parte de la idiosincrasia local en época estival. Un despertar reminiscente a aquella magia de antaño, brillo y alocada participación popular: «Fue una noche bella, que empezó a sonar Terror, la tristeza desapareció y la alegría estalló…«.