El Museo del OVNI de Victoria, Entre Ríos, depara a cada instante sorpresas inimaginables. Algunas, desafían incluso el devenir del tiempo. Y es que en el reacomodamiento de incontables cajas y documentación que atesora el museo, Andrea Pérez Simondini se reencontró con impactantes filmaciones de aquellas interminables vigilias investigativas que realizaban en Victoria en los años 90, época de oro de los enigmáticos avistamientos OVNI en el suroeste entrerriano.

Un OVNI repiqueteante

Silvia recuerda esta particular experiencia casi con el mismo asombro que en aquella oscura y cerrada noche del 11 de mayo de 1992, donde fueron testigos de algo extraordinario, y que ahora -gracias a la digitalización de la grabación e Internet- pueden compartir con sus seguidores.

En la grabación se observan luces que cambian su morfología y dimensiones, con movimientos reiterativos y repiqueteantes: «Las cosas que vimos en ese campo… exactamente en la misma hondonada. Había llovido y era un barrial. Vimos una luz enorme en el campo y quisimos acercarnos más, y más y más, hasta que la tuvimos como a treinta metros. Era como si fuera un cristal luminoso, de magnesio, era algo raro».

LOS TESTIGOS, ATÓNITOS FRENTE AL MISTERIO, GRABAN UNA LUZ DE FORMAS CAMBIANTES Y TONALIDAD ELÉCTRICA, QUE EN LA ESPESURA DE LA NOCHE PARECÍA «REBORTAR» EN LA SUPERFICIE DEL CAMPO.

Silvia prosigue con la descripción y se detiene de golpe en la descripción del extraño comportamiento de aquella luz, estableciendo en el análisis de su movimiento una analogía particular: «¿Viste como hace una gallina cuando picotea el maíz? Ese movimiento nervioso: tuc tuc, tuc tuc. Así hacía la luz en la tierra, sobre la superficie. Se achicaba y se agrandaba. De repente desaparece, y reaparece de golpe muy grande, y parecía que tenía como una antenita. Se metió de golpe en la tierra y desapareció», relata.

Imagen de captura del video.

«De referencia, le pusimos un hilito al alambre del cerco en donde estábamos paradas para ir cuando se secara a ver si podíamos ver algo al otro día ¡No vimos nada!», exclama la testigo-investigadora.

La grabación fue realizada el 11 de mayo de 1992 por Silvia Pérez Simondini, su hija Andrea, y el investigador Ricardo Guzmán, en cercanías al ex hipódromo de Victoria, Entre Ríos, una zona caliente en la aparición de fenómenos anómalos.

Ovnis que intercambiaban rayos

Otra desconcertante filmación obtenida por Silvia en la misma zona se produjo el 8 de septiembre de 1993. En ella se observan 3 ovnis suspendidos en la oscuridad de la noche, casi a la altura del suelo. Al aproximarse entre sí parecen interactuar, rozándose y emitiendo un extraño fulgor, a la manera de vibrantes rayos.

«La investigación nos atrapó»

En 1992, la tenaz y legendaria investigadora de campo, Silvia Pérez Simondini, se radica definitivamente en las Siete Colinas para indagar in situ el fenómeno OVNI, luego de noticiarse por medios nacionales del boom de avistamientos sucedidos en las Siete Colinas.

La valentía de enfrentarse a lo desconocido de Silvia y su equipo se explica en su libro «¿Por qué Victoria Entre Ríos?», donde lo resume así: «Quizá sea la terrible curiosidad que nos mueve… o tal vez haya sido la fantástica experiencia, que se instaló en el fondo de nuestro corazón, a través de la emoción que desequilibró todas las estructuras básicas con las que hasta ahora nos manejábamos. La investigación nos atrapó».

La misma curiosidad es la que esperan saciar los amantes del misterio, que esperan con ansias saber qué otros misterios comienzan a develarse en base a sus investigaciones y, por qué no, de esa mágica caja de los recuerdos.

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